Sandra Díaz – Artista visual
Nací en Mendoza y viví casi toda mi vida en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí crecí, me formé como Técnica Radióloga, me gradué de Médica en la UBA y realicé un posgrado en Medicina Interna.
Pinto hace muchos años y he atravesado distintas etapas. Me inicié de manera empírica, impulsada por una necesidad profunda de expresión. Mientras ejercía la medicina, la pintura ya era ese espacio íntimo en el que podía habitarme sin explicaciones. Con el tiempo, ese impulso creció hasta ocupar casi toda mi vida.
Una búsqueda personal me llevó a cambiar de rumbos. Me mudé a Córdoba y me formé en el vínculo humano-canino, lo que abrió nuevas formas de mirar y de sentir. El arte y los perros me enseñan: me descubro en su presencia, su sensibilidad, su intuición.
Me considero una pintora en evolución y transformación continua. A lo largo de los años he investigado, tomado talleres y explorado múltiples técnicas: acrílico, óleo, espátula, pasteles, materiales mixtos. Actualmente tomo clases de dibujo con la artista Ale Feijó.
Celebro con fuerza esta posibilidad de expresarme a través de la pintura. Agradezco todas las versiones de mí que han ido construyéndome. Pintar me salva. Me conecta. Me nombra.
Pinto desde lo que no siempre tiene nombre, pero sí emoción. Pinto para compartir interrogantes, para que quien mire pueda sentir algo, aunque no sepa bien qué. Dejo que los colores me guíen, que la imaginación construya el camino, y que la materia se transforme en huella. Pintar es mi forma de respirar más hondo.
Sandra Díaz crea apasionadamente, sin coordenadas fijas,
guiándose sólo por su instinto. La obra brota por sí misma sin más reflexión que el ser.
La personalidad va mutando a tiempo con la obra que surge
y el espíritu evoluciona, mientras que la creación va madurando.
El resultado de este proceso es la unión total
de la artista con su obra, dejando en ella partes de si misma.
En cada aspecto de este recorrido pictórico,
Sandra marca mapas individuales,
que unen emoción y observación, con una identidad propia.
La magia de la creatividad se desarrolla
en un conjunto de obras asociadas a
una historia oculta, un vistazo a momentos frágiles e íntimos,
que habitan quebradizos en la memoria.

Las luces creadas con la materia,
otorgan belleza a las obras.
Instantes capturados,
los colores se despliegan para presentar un universo de personajes y paisajes.
que da forma a diversos escenarios, Sandra Díaz logra fundirse con su obra.
En nuestra mente las ideas emergen
expandiéndose a través de las emociones.
El sentir nos recorre y termina siendo materia,
a través de las acciones.
Sandra juega con la mirada,
para perderse en viajes hechos de sensaciones.
Sentir no está de más,
dejarse ir tras los colores.
Las líneas son la fuerza que mueve,
la conexión visual que está brindándonos
posibles lecturas de su obra.
En las profundidades,
está la clave de lo que queremos ver.
Sólo sumergirnos en sus obras nos acerca
al conocimiento de sus razonamientos.

Al final del camino ocurre una nueva historia,
la creatividad siempre propone nuevas tonalidades.
Sandra Díaz nos invita a cuestionarnos y a continuar indagando,
en lo alternativo,
en aquello que nos permite seguir pensando.
Algunos rastros son visibles y nos permiten continuar
siguiendo la pista de su obra.
Lo que está por venir lo construiremos nosotros.



























