Soy Lucía Girado, nací en Tandil provincia de Buenos Aires, Argentina, tengo 47 años y vivo en Buenos Aires desde pequeña .
Siempre me dediqué al arte desde chica. Cuando finalicé el colegio, ingresé en la escuela de Bellas Artes Nacional Prilidiano Pueyrredón. Allí cursé 3 años de la carrera, luego continué con talleres particulares y comencé a trabajar con el arte en sus distintas formas de expresión: hice murales, cuadros, esculturas, objetos pintados de todo tipo.Actualmente estoy cursando la carrera de Artes Visuales en la facultad, estoy en constante formación y descubrimiento de nuevas técnicas, el arte para mí es un compañero de vida, mi compañero fiel que me acompaña a lo largo del camino, es mi cable a tierra, mi más profunda forma de expresión y de contacto con el mundo. Todas mis obras marcan momentos de mi vida .
Lucía Girado
Los diferentes personajes que nos presenta Lucía Girado
se muestran etéreos, libres,
suspendidos en el tiempo por una fuerza sobrenatural.
Libres de todo juicio, desplegando malabares,
escondiéndose detrás de antifaces.
Lucía describe de manera irónica una serie de caracteres que son más plásticos que humanos,
seres abstractos, que pueden pertenecer a una realidad cercana o imaginada.
Lucía Girado
crea personajes que nos enfrentan seduciéndonos.
De manera acordada se puede ver lo que no se desea.
Son una extensión de nuestros deseos:
reflejo de luces y sombras que resultan propias.
Como en un carnaval, actores, bufones y algunos demonios terrenales
se presentan en la obra de Lucía Girado
en la piel de personas comunes y corrientes.
Teatrales, las escenas se continúan dispares y anecdóticas,
cotidianas y surreales, una danza de representaciones constante.
Con un lenguaje plástico variado,
Lucía Girado escribe un guión que puede pasar desapercibido en el contexto visual.
Nos propone la elección de cambiar el presente,
en última instancia decidiremos ser o continuar actuando?
Personajes arcanos
que son reyes, ángeles, demonios, parejas amantes.
Lucía Girado cuestiona acerca de cuál es el punto de inflexión, la ironía de la vida.
En qué momento nos unimos con un más allá.
Abandonar la carne, apagar el sistema, permaneciendo corpóreos.


























