Álvaro Tangarife Ortiz es Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, en Medellín. Su pasión por la expresión artística lo ha llevado a explorar diversas disciplinas como escultor, pintor, videoartista, caricaturista y aficionado a la escritura, logrando premios y participaciones internacionales.
Cada momento de su vida ha sido una oportunidad para expresar lo que aprecia
y lo que imagina considerando así, que el arte es su voz y su camino.
Como pintor y escultor, sus obras han sido exhibidas en espacios como la
Cámara de Comercio de Medellín, la Galería Carlos Orozco de Medellín, la Casa
de la Cultura La Barquereña de Sabaneta y otras galerías de su ciudad. Sus
caricaturas han llegado a medios como el periódico El Colombiano, a varias
revistas de Medellín y ha sido galardonado con distinciones regionales.
Ha escrito varios libros de cuentos colectivos con el grupo de letras de la
Universidad EAFIT de Medellín y con la editorial “La Banda”. Fue finalista en el
concurso de cuentos cortos “Medellín en 100 palabras” y perteneció al grupo
de realizadores del programa de radio de la Universidad Nacional Brevísimo,
dedicado a las formas breves de la literatura.
Como videoartista, ha llevado sus obras a exposiciones internacionales,
obteniendo el Primer premio en la IV Bienal Internacional de Video MAMM
(Museo de Arte Moderno de Medellín). Ha participado en la creación de
comerciales de televisión y contribuido en series internacionales de animación
2D. Ha tenido experiencia como Profesor de videoarte en La Universidad de
Antioquia y en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.
Fundador desde el año 2017 de @envinartemedellin (experiencias de vino y
arte) donde el arte, la cocina y el vino se fusionan para dar vida a momentos
inolvidables, creando memorias que perduran en el corazón de cada
participante.
Acerca del estilo y temática de su obra: Colección Legados
Su paleta es el lugar donde nacen los colores con los que le da forma al alma de
sus obras. Cada uno de ellos es como una emoción que se escapa del pecho
para hacerse color y es así como entre pigmentos y huellas, comienza cada
obra, cada rostro, cada ser.
En su pintura, no hay tonos tímidos: los colores hablan con fuerza y se
convierten en la voz de lo que no se dice con palabras.
Pinta con colores vivos, tropicales, casi puros, como salidos del tubo. Sin
mezclas, sin filtros.
Legados. Su pintura transita entre lo figurativo y lo abstracto, lo espiritual y lo
terrenal. Esta colección conecta con lo ancestral, sin perder lo humano.
Con esta colección realizó una exposición artística en el año 2024 llamada
Crítica a la Razón Pura. Un viaje a donde la tradición antioqueña como los mitos
y los símbolos ancestrales cobraron vida en un diálogo pictórico que une el
pasado con el presente.
En esta serie de obras, el humor y el surrealismo se entrelazan cuestionando la
realidad a través del arte.
La obra de Álvaro Tangarife Ortiz nos sumerge en el sueño de lo real maravilloso.
Poesía visual de lo que resulta inabarcable de describir con la mirada.
Despliegue de imaginería que sólo podríamos encuadrar dentro de una
mitología latinoamericana que funde,
en la alquimia de lo surreal,
lo que es propio con lo ajeno y heredado.
«A veces, el surrealismo aparece: figuras
humanas se funden con formas animales, y lo onírico se entreteje con la
realidad.
Así nace cada cuadro: desde la intuición, la emoción y la memoria. Como si las
vivencias se escaparan por el pincel antes de ser pensadas.»
La mixtura de lo latino con algo europeo,
Álvaro logra unir corrientes
que ilustran la mixtura
de nuestro continente.
La magia hallada en escenas que pasan a ser una instantánea
es experimentada desde un lugar personal.
Los distintos escenarios se suceden,
describiendo momentos que fueron o pudieron haber sido.
Todo esto es retratado con una mirada particular, plena de colores fulgurantes.
Un universo pleno de fábulas y retazos de vivencias.
Leyendas transmitidas oralmente se transfiguran en estampas.
La obra del Maestro Tangarife Ortiz tiene la particularidad de tomar elementos de la narrativa: lo real maravilloso literario puesto al servicio de su imaginario.
Al mismo tiempo, el lenguaje plástico de su obra remite a la pintura colonial latinoamericana de los siglos XVIII y XIX: en donde las figuras religiosas cristianas se funden en un sincretismo simbólico con la cultura indígena.
Las figuras agigantadas de los protagonistas de la obra relatan en un primer plano una moraleja, o un mito, «nos muestran» la historia, a manera de evocaciones religiosas.
Desde sus «estampas» cuentan y muestran con símbolos gráficos su historia:
«Antes de las flores, la espalda del silletero cargaba
destinos ajenos. Los caminos de Antioquia vieron
primero hombres doblarse bajo el peso del poder,
antes de que la tradición floreciera.
Hoy, en esta trocha, no va un gamonal… va la
sombra de un mito, el eco de un pasado que aún
susurra en las montañas.
El cura sin cabeza recorre el sendero, llevado por
quienes han cargado más que peso: han llevado
historias, han forjado cultura.»

Su obra a través de Diversas Series: Paisajes, Colores, Seres, Reflejos y Abstractos
La obra de Tangarife es un diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo.
Cada pincelada parece resonar con una memoria colectiva, con símbolos que
nos miran desde el lienzo.
Es arte que no olvida de dónde viene.
Tangarife no embellece la realidad. La expone. En sus rostros hay ternura y furia,
en sus cuerpos hay historia, en sus paisajes hay espíritu.
Es una pintura que no busca agradar, sino decir. Cada colección es un capítulo.
Pero todas laten con la misma fuerza interior: una búsqueda de identidad, fe,
color, rostro y herencia.
Ya sea en Legados, Fe, Colores, Seres o Reflejos, hay un hilo invisible que las
une: Una búsqueda profunda de sentido, de origen, de belleza imperfecta.
La obra del maestro tiene muchas voces, pero un solo corazón.Se percibe con claridad que su obra nace de un compromiso honesto con el arte
como forma de vida, de expresión y de conciencia. Es un artista integral, no solo
por la variedad de técnicas que domina —pintura, escultura, caricatura,
videoarte— sino porque cada una de ellas está atravesada por un mismo hilo:
el deseo de observar, interpretar y transformar la realidad con sensibilidad.







Las luces creadas con la materia, otorgan belleza a las obras.
Instantes capturados, los colores se despliegan para presentar un universo de abstracción y figuración, que da forma a diversos escenarios.
Álvaro Tangarife Ortiz logra fundirse con su obra.

En cada aspecto de este recorrido pictórico, el artista marca mapas individuales,
que unen emoción y observación, con una identidad propia.
La magia de la creatividad se desarrolla en un conjunto de obras asociadas a una historia oculta,
un vistazo a momentos frágiles e íntimos, que habitan quebradizos en la memoria.




El pasado, la vida moderna, representados en trazos vibrantes,
en cartelerías con tonalidad imaginada.
Con la habilidad de crear una obra textual, descriptiva, y capaz de ser relatada,
el artista crea una melodía barroca, que posee la simultaneidad y profusión perteneciente a una narrativa latinoamericana.
Como en un carnaval, la vida se sucede en imágenes;
oníricas, transfiguradas, teatrales, dispares y anecdóticas,
una danza de representaciones constante.



