MARÍA TERESA GRAFFIGNA

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María Teresa Graffigna nació el 17 de mayo de 1941, en San Juan. Estudió Bellas Artes con Jane Volpiansky y Marta Chena. Vivió en Córdoba, Madrid, Buenos Aires y San Juan. En Madrid se dedicó a la educación artística facilitando talleres para niños y jóvenes, a la par que continuó con sus estudios artísticos, experimentando con diferentes técnicas aplicadas al telar de la mano de Marta Viñals (artista argentina del tapiz) aplicando esos conocimientos al diseño de indumentaria.

Perfeccionó sus métodos de grabado e impresión junto a José Luis Iriarte, artista español. Durante 1986 y 1987 trabajó en Andalucía en diseño de indumentaria y telas enmarcada en la corriente contemporánea “Arte para Usar”.

Regresó a la Argentina a fines de la década del ´80 radicándose en Córdoba y posteriormente en Buenos Aires, donde diseñó el vestuario teatral de “Salto al Vacío” y “Otelo”, dirigidas por Mauricio Kartún. Los 2000 la encontraron de nuevo en su tierra natal, donde expuso en diversos espacios como el Museo del Área Fundacional (Mendoza) y el Tornambé, (San Juan). Actualmente reside en la provincia de Córdoba.

Aunque su obra es diversa, coherente y profunda, su mayor aporte son sus series de grabados de petroglifos precolombinos. María Teresa es una “arqueóloga de la imagen”, cuya misión es ser un “nexo arqueológico” a otros mundos y culturas milenarias de “Nuestramérica” profunda. Sus grabados integran colecciones privadas en Argentina, España, Uruguay y Corea.


Espacios sagrados, buscados, construídos y recordados…

María Teresa Graffigna utiliza los pigmentos para evocar experiencias, paisajes vividos e imaginados.

Las postales de lo experimentado se imbrican con elementos visuales reproducidos en fotografías, estudiados. Mapas y cartografías de una historia relatada través de símbolos.

Principalmente, la artista recrea el paisaje andino, sus texturas, sensaciones y costumbres.

Una red de historias, momentos y voces que se entrelazan en una leyenda total.

Reescribir continuamente el pasado creando un palimpsesto: el cambio sucede en forma acelerada y los procesos son cada vez más veloces. Las costumbres van cambiando pero la memoria permanece.

María Teresa Graffigna trata de enhebrar en un lienzo-retablo un conjunto de impresiones físicas, sensoriales y emotivas que dejaron una huella, se convirtieron en vivencias, lugares mágicos, o sitios transformados por su visión particular.

Obras-tapices o manifestaciones de lo sagrado

Por otro lado, las obras de María Teresa Graffigna pueden ser vistas a la manera de quipus modernos. Los quipus consistían en mapas textiles que demarcaban sitios y símbolos especiales para las culturas precolombinas de antaño.

En la cultura incaica, el quipu o khipu (del quechua khipu, «nudo») consiste en un cuerda de la que cuelgan otros cordeles (a veces centenares o miles) de diversos colores, anudados. Gracias a ellos, los quipucamayocs o especialistas en quipus incas, dejaban constancia de todo aquello que tuviese importancia para la administración del imperio (tributos, censos, cosechas), incluso relatos mitológicos, genealogías de gobernantes o poemas épicos.

Estos quipus también contabilizaban la existencia de las huacas, o espacios sagrados.

Lugar sagrado entendido como montaña, un río o arroyo, un árbol, o también un ídolo de piedra o madera. Es decir todo objeto de adoración y considerado con cualidades espirituales o sobrenaturales.

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